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Los efectos de Omega-3 en MS

By Jamie

Las recomendaciones dietéticas para pacientes con esclerosis múltiple varían entre los diferentes médicos. Hay algún tipo de acuerdo, sin embargo, que una dieta rica en ácidos grasos Omega-3 puede tener algún efecto en el alivio de las complicaciones asociadas con la MS. No existe un consenso sobre cuáles son los beneficios generales para la salud de los ácidos grasos Omega-3 son para los pacientes con EM. Algunos estudios, sin embargo, parecen indicar efectos positivos asociados con el consumo de ácidos grasos Omega-3 para los pacientes con EM.

Mejora de respuesta del sistema inmunológico

MS se cree que es una deficiencia autoinmune en la que el sistema inmune tiene una respuesta alérgica al sistema nervioso del cuerpo. Aunque la evidencia no es concluyente, diversos estudios han llegado a la conclusión de que las dietas ricas en ácidos grasos Omega-3 parecen estar en correlación con la respuesta del sistema inmune mejor (es decir, menos reacciones) en pacientes con EM.

Efecto sobre la Depresión

Pacientes con EM se sabe que sufren de frecuentes ataques de depresión. En un artículo recientemente publicado en el "Journal of Behavioral Medicine," Robin Aupperele, et al. han señalado que parece que hay algunos indicios de que tanto los pacientes con EM y los que sufren de depresión psiquiátrica grave también sufren de deficiencias en ácidos grasos Omega-3. Aunque la ingesta de ácidos grasos no mostró cambios positivos estadísticamente significativos como resultado del consumo de ácidos grasos omega-3, la probabilidad de que hay alguna conexión entre la deficiencia y la aparición de la depresión sigue siendo alta.

MS Prevención

La mayoría de los estudios reconocen que una dieta rica en ácidos grasos Omega-3 no es una manera segura de prevenir la MS. El artículo de Ashton Embrey en "The Journal of Nutritional y Medicina Ambiental" ("los múltiples factores de la esclerosis múltiple: una perspectiva darwiniana", diciembre de 2004) observa el aumento de la incidencia de MS durante los últimos 200 años y los factores ambientales (infecciosa agentes y otros cambios en la dieta) que pueden haber contribuido a este cambio. Cuando se combina con una deficiencia en ácidos grasos Omega-3, la evidencia, aunque no concluyente, apunta a la necesidad de seguir los procedimientos y directrices dietéticas básicas, que incluyen el consumo regular de ácidos grasos Omega-3.